El sueño de un futuro posible, la búsqueda de su jardín, lo que alguna vez estrecharon.
Esta película está basada en material documental pero no es, estrictamente hablando, una película documental. Tampoco es una obra de ficción. La película se nos apareció más bien como un sueño, no un sueño nocturno, sino uno que se desarrollaba día a día durante el rodaje. Un sueño compartido entre la fotógrafa-directora y la actriz (o, mejor, la mujer retratada en el reportaje), que sin embargo parecía seguir su propia y enigmática necesidad a través de la cual los planos cotidianos se unían casi magnéticamente, entrelazándose en un patrón de capas superpuestas que incesantemente se funden y disuelven unos en otros, en el constante flujo, cristalización y remodelación del interior psíquico. En un momento dado, este sueño parece terminar, pero en realidad solo se abre a otro sueño, o alucinación, donde la película misma comienza a arder abruptamente, liberando nuevas y viejas visiones, fragmentos de la realidad, hasta que es apagada por un tormenta repentina y se disuelve en un crepúsculo de aguas marinas. En este sentido, la película es también una meditación sobre los elementos, Agua y Fuego, Viento, Tierra y Piel, inspirada en un Ojo de Sol que aparecía casi solo en uno de los primeros planos y se adueñaba de la narración, en el flujo sin fin y metamorfosis insondable de todas las cosas y seres.
Cien años de imágenes buscadas y encontradas, fragmentos de películas, cintas familiares, píxeles. Un santo mártir, un guerrero, Sant’Efisio, un icono que mueve a la gente. Una fiesta, un rito que se repite fuera del tiempo y que trae consigo las máscaras de dominaciones pasadas y presentes, de una isla; Cerdeña. ¿Qué escapa? ¿Lo que queda? Es la pregunta y la respuesta lo que funda la edición y renueva el pasado en otro pasado. En este encuentro tardío de miradas, la fiesta se renueva de nuevo en la memoria y en los sueños, lejos de los lugares conocidos.
El rugido de la bestia sube desde las más profundas madrigueras de la Tierra. Truenos, vientos y ríos presagian el roce de los tiempos. Los ecosistemas que han reinado durante cientos de años se tambalean. Un cortometraje realizado en colaboración con la artista trans-animal Analú Laferal.
La mente de un asesino en serie se está fragmentando. Piezas de su pasado y presente chocan, formando extrañas imaginaciones con significados peculiares. La construcción que ha creado para su existencia está comenzando a desintegrarse.

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